Javier Milei anunció la construcción de un reactor nuclear modular de 300 megavatios en Atucha con 1.200 millones de dólares de capitales privados, el primero de su tipo en el país. El vocero presidencial lo presentó como un gran logro que generará 2.000 empleos. Mientras tanto, la Comisión Nacional de Energía Atómica despidió a 61 trabajadores, en su mayoría administrativos, lo que ya provocó protestas, renuncias de gerentes y reclamos de la Asociación de Trabajadores del Estado que habla de casi 100 despidos en total.
El ajuste presupuestario de la CNEA llegó al 58% desde que Milei asumió, pero eso no impidió que la empresa Meitner Energy ponga la plata para el nuevo reactor. Los empleados despedidos se quedan afuera del proyecto mientras el gobierno celebra la llegada de inversión extranjera como si fuera un premio consuelo. Argentina ya tiene tres centrales nucleares que aportan el 8% de la electricidad, pero parece que para sumar una más primero hay que reducir personal.
El resultado es otro capítulo de comedia absurda: despidos masivos en el sector atómico mientras se promete un reactor financiado por privados, trabajadores protestando en la puerta y un presidente que recorta todo menos la foto con la inversión millonaria. Todo muy serio, muy técnico y, sobre todo, muy ridículo.