El Parlamento Europeo ha dado el visto bueno a dos acuerdos con México que prometen eliminar aranceles, proteger indicaciones geográficas y defender derechos laborales como si fueran los últimos fiambres en una nevera compartida. Todo ello como respuesta a las amenazas arancelarias de Donald Trump, que parece más interesado en montar numeritos que en cerrar tratos.
El socialista alemán Bernd Lange lo resumió con elegancia parlamentaria: mientras otros apuestan por el chantaje arancelario, Europa ofrece reglas claras y compromisos sobre clima y trabajadores. El acuerdo comercial entrará en vigor provisionalmente en noviembre, pero el de asociación tendrá que pasar por todos los parlamentos nacionales, un proceso que durará lo que un divorcio complicado.
En 25 años de relación, el comercio entre la UE y México se ha multiplicado por cuatro. Ahora más de 43.000 empresas europeas venden al país azteca y más de 11.000 operan allí. El nuevo pacto eliminará aranceles sobre maquinaria, medicamentos y productos agroalimentarios, y blindará 232 bebidas espirituosas y 336 indicaciones geográficas europeas. Es decir, que el tequila mexicano no podrá llamarse “whisky europeo” y el jamón ibérico seguirá siendo intocable en las mesas mexicanas.
El texto también incluye compromisos vinculantes sobre derechos laborales, medio ambiente y lucha contra la corrupción, con un mecanismo de solución de disputas que suena a terapia de pareja obligatoria. México, por su parte, podrá acceder mejor a la contratación pública europea.
**Resumen del numerito:** Europa y México deciden hacer negocios como adultos mientras Trump sigue amenazando con subir los precios de todo como si estuviera en una subasta de ira. El resultado es un pacto que protege vinos, quesos y derechos, pero que tardará años en aplicarse del todo. Mientras tanto, los burócratas seguirán celebrando con champán europeo… siempre que no lo confundan con sidra mexicana.