La primera ministra danesa Mette Frederiksen ha soltado en Ankara que su país está dispuesto a defender cada centímetro de la OTAN, incluido ese enorme bloque de hielo que llaman Groenlandia. Todo porque Donald Trump ha vuelto a insistir en que quiere la isla bajo control estadounidense, como si fuera un terrenito extra para poner su nombre en grande.
Frederiksen ha repetido que Groenlandia no está en venta, ni en oferta, ni en Black Friday. “Si le pasa algo a uno, todos salimos a defenderlo”, ha dicho, como si la OTAN fuera una pandilla de barrio que se arma cuando alguien intenta robarle el balón a otro. Mientras tanto, el ministro de Exteriores danés sigue negociando con Washington y con los groenlandeses para ampliar el acuerdo de defensa de 1951, pero siempre respetando las “líneas rojas” del reino, que en la práctica significan “ni se te ocurra tocar lo que no es tuyo”.
El numerito es de manual: dos socios fundadores de la misma alianza militar discutiendo como cuñados en una comida de Navidad sobre quién controla el Ártico. Trump ve la isla como un patio trasero con misiles y minerales, y Dinamarca responde plantando cara con la misma energía que una madre que defiende su nevera llena de cervezas.
**Resumen del espectáculo:** Groenlandia sigue sin estar en venta, la OTAN sigue siendo esa familia disfuncional que solo se une cuando hay bronca, y Trump sigue queriendo territorios como quien colecciona cromos. Mientras tanto, los daneses y los estadounidenses siguen hablando, pero todos saben que al final el que más hielo tenga, más tiempo aguantará la discusión.