Resulta que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos decidió esta semana suspender los controles de vehículos relacionados con la ley de inmigración. ¿El motivo? Dos agentes se volvieron francotiradores improvisados y liquidaron a dos hombres en Texas y Maine, todo en controles rutinarios. Una jugada digna de un circo donde los payasos llevan pistola en vez de nariz roja.
El cambio llegó justo después de que un agente del ICE abatiera a un conductor en Biddeford, Maine, a solo 24 kilómetros al sur de Portland. El Departamento de Seguridad Nacional soltó un comunicado doce horas después asegurando que el agente “temía por la seguridad pública”. Claro, porque un tipo que intenta escapar de un control ya es automáticamente un peligro nuclear. Las explicaciones sobran cuando tienes el dedo en el gatillo.
Hasta ahora solo se han visto vídeos de las consecuencias, pero el momento del disparo sigue sin aparecer. Un senador independiente soltó que los agentes ni siquiera llevaban cámaras corporales. O sea, que la única prueba es la palabra del que disparó. Total, como en las películas del oeste, pero sin sombrero y con acento de Maine.
Los defensores de los inmigrantes identificaron a la víctima como un colombiano de 26 años con permiso de trabajo. Es decir, un tipo que estaba en regla y terminó convertido en estadística. Desde junio, las detenciones del ICE en Maine se han cuadruplicado hasta rozar las 70 al día. Parece que el lema ahora es “detenemos más y preguntamos menos… o dispar<|eos|>