El Senado mexicano abrió la puerta, pero con candado, a 35 militares estadounidenses para dos cursos de adiestramiento entre julio y diciembre de 2026. Claudia Sheinbaum firmó los decretos el 10 de julio y el Diario Oficial los publicó al día siguiente, dejando claro que el Ejecutivo entregaría informes detallados al terminar cada ejercicio. Nada de entradas libres ni salidas sin recibo.
Los 23 integrantes del Equipo 8 de los Navy SEALs llegaron para el SOF 4 entre agosto y octubre, con maniobras en Campeche, Estado de México, Hidalgo y la CDMX. La Fuerza Aérea de Estados Unidos usó un C-130 Hércules que aterrizó y despegó exclusivamente del aeropuerto de Toluca. Las fases incluyeron operaciones marítimas, paracaidismo y apoyo en instalaciones de Infantería de Marina, todo bajo supervisión mexicana y con armamento declarado. El segundo grupo, de 12 efectivos del 7/o. Grupo de Operaciones Especiales, participó en el SOF3 desde julio hasta diciembre en bases de Temamatla, San Miguel de los Jagüeyes y Santa Lucía, también en territorio mexiquense.
Mientras tanto, México envió 526 de sus propios elementos a entrenamientos en Luisiana y Paraguay, demostrando que el flujo de uniformados no es de una sola vía. Ambos decretos obligaron a Semar y Sedena a rendir cuentas al Senado en plazos precisos, recordando que cualquier presencia extranjera queda registrada y supervisada por las autoridades nacionales.
Al final, los ejercicios terminaron con reportes entregados, aviones de regreso y México marcando la pauta de quién decide quién entra, quién sale y qué se entrena. El fútbol mundial puede tener semifinales impredecibles, pero la soberanía mexicana prefiere resultados controlados y documentados.