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Internacional

¡Bolivianos en Rusia: De obreros soñadores a carne de cañón por un contrato trucho!

15/07, 08:39:37, 1.png

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia soltó la bomba: hasta dieciséis compatriotas podrían estar ahora mismo en territorio ruso, convertidos en guerreros involuntarios después de caer en una estafa laboral digna de un vendedor de enciclopedias por teléfono. Todo empezó con “ofertas de trabajo” y promesas de plata fácil que, en realidad, terminaron en el frente ucraniano, donde el Kremlin sigue su particular versión de “operación militar especial”.

Los familiares, preocupados como madre que ve a su hijo salir con un influencer, pidieron auxilio consular. El viceministro Héctor Huanca confirmó que ya activaron los protocolos de protección a través de la embajada en Moscú, aunque con tanto secretismo que parece que están escondiendo un tupper de fiambre en la nevera ajena. Eso sí, dejaron claro que el engaño no vino de funcionarios oficiales rusos, sino de intermediarios fantasmas que ofrecieron contratos más falsos que billete de tres pesos.

Los bolivianos, confiados, firmaron y viajaron voluntariamente. Ahora resulta que esos papeles los convirtieron en participantes de una guerra que ni en el mapa habían visto bien. Por ahora, La Paz no tiene datos oficiales de fallecidos, pero están esperando respuesta a una nota diplomática con la misma paciencia con la que se espera que un político cumpla una promesa.

Bolivia, eso sí, mantiene relaciones “normales” con Rusia, como quien sigue hablando con el ex porque comparten el grupo familiar de WhatsApp.

Del lado ruso, la embajada en La Paz respondió rápido y con el dedo acusador: “Hay bolivianos peleando en los dos bandos, ¿por qué solo nos miran a nosotros?”. Además, negaron rotundamente cualquier vínculo con el reclutamiento y aseguraron que no tienen ni idea de esas “organizaciones fantasmas”. Traducido: “No fuimos nosotros, pregúntenle a Zelenski… y si nos escriben, que sea por los canales oficiales, por favor”.

En resumen, dieciséis bolivianos salieron buscando un sueldo y terminaron en un conflicto ajeno, mientras las cancillerías se tiran la pelota como en un partido de barrio sin árbitro. El mundo sigue su curso, pero estos muchachos ya no saben si están de vacaciones laborales o en el capítulo más absurdo de su vida.