Los Guardianes de la Revolución iraníes soltaron el anuncio del siglo: el estrecho de Ormuz se queda clausurado hasta que Estados Unidos deje de jugar a los bombardeos. Según su comunicado, las represalias seguirán volando y el canal petrolero más importante del planeta permanecerá cerrado hasta que Washington pare sus “actos de agresión”. Traducido al barrio: “Si no paras de tirar piedras, te cierro la calle y que nadie pase ni con bicicleta”.
Pero no se quedaron ahí. Los guardianes amenazaron con tapar también otras rutas de exportación de petróleo y gas que benefician a Estados Unidos y sus aliados. La frase estrella: “Las exportaciones de la región serán para todos o para nadie”. O sea, como cuando en la mesa familiar uno dice “o comemos todos o nadie prueba el postre”. Ahora el Golfo Pérsico se convirtió en un restaurante donde el menú está cerrado hasta nuevo aviso.
Mientras tanto, Estados Unidos sigue lanzando ataques nocturnos y reforzando el bloqueo naval, como si estuviera jugando al gato y al ratón con misiles de verdad. Irán responde con golpes hacia objetivos estadounidenses en los países del Golfo, y la cosa ya parece más una pelea de borrachos en una cantina que una guerra diplomática.
En resumen, Ormuz cerrado, petróleo en huelga, bombas volando de noche y la amenaza de que si no hay para todos, que no haya para nadie. Dos potencias actuando como niños que se llevan el balón cuando pierden, mientras el mundo mira desde la tribuna preguntándose si esta vez el espectáculo terminará en un apagón global o solo en otra noche de insomnio para los que viven cerca del canal.