Marina del Pilar Ávila Olmeda convirtió una cita en Tijuana en el 15 de diciembre de 2025 en una parodia de intriga internacional. El exgobernador Jaime Bonilla le escribió por WhatsApp para presentarle a un grupo que supuestamente ayudaría con su visa. Ella aceptó de buena fe. Nadie mostró credencial, nadie acreditó nada y el encuentro terminó convertido en grabaciones fragmentadas que sus opositores ahora usan como munición electoral.
Bonilla actuó como mensajero involuntario de una operación tan torpe que los supuestos intermediarios solo se presentaron como “asesores” y soltaron ideas sin sustento legal. La gobernadora pidió que cualquier asunto pasara por un abogado. Nunca recibieron llamada. El resultado fue una cinta editada para generar ruido antes del periodo preelectoral. Mientras tanto, ella reiteró que como mandataria estatal carece de acceso a información de seguridad nacional, por lo que cualquier acusación de filtraciones resulta imposible.
Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch revisaron el material y confirmaron que no hay delito ni datos confidenciales comprometidos. La respuesta oficial fue clara y sin dramatismo: no existe investigación porque no hay elementos que lo justifiquen. Los fragmentos que seguirán apareciendo, según la propia mandataria, solo repetirán el mismo contexto manipulado.
La lealtad absoluta al país y a Baja California permanece intacta, mientras los autores de la grabación siguen esperando que alguien les crea el papel de agentes secretos de barrio.