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Internacional

¡El Mundial 2026: cuando los políticos se pelean más que los propios jugadores y las Malvinas terminan en el vestuario!

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Mientras el balón rodaba en los estadios, varios ministros del gobierno de Macron se pusieron como locos porque el expresidente español Mariano Rajoy soltó que Francia jugaba “sin franceses”. El ministro del Interior francés lo calificó de “absolutamente inaceptable”, como si Rajoy hubiera robado el vino de la cena en vez de escribir una opinión en un periódico. Al final parece que el verdadero deporte en este Mundial no es el fútbol, sino ver quién se ofende más rápido por un comentario de Twitter con corbata.

En Argentina la cosa subió de tono. La vicepresidenta Victoria Villarruel llamó “piratas usurpadores” a los ingleses antes del partido de semifinales, recordando la Guerra de Malvinas como si fuera una pelea de bar por una mesa. Su padre fue veterano de aquel conflicto de 74 días que dejó cientos de muertos, pero ahora la consigna se repite en el césped: después de ganar 2-1, los jugadores sacaron una pancarta que decía “Las Malvinas son argentinas”. Scaloni había pedido no mezclar fútbol con política, pero los jugadores decidieron que una pancarta vale más que cualquier discurso diplomático. Porque nada dice “orgullo nacional” como celebrar un gol con un reclamo territorial de 40 años.

Irán llegó al Mundial en las peores condiciones posibles. Como están en guerra con Estados Unidos, los jugadores tuvieron que hospedarse en Tijuana, cruzar fronteras como si fueran contrabandistas de pelotas y jugar con visas que parecían más un castigo que un permiso. La FIFA se lavó las manos diciendo que no puede meterse en temas políticos, aunque todo el mundo vio que el embajador iraní pedía un trato digno y solo recibió respuestas de manual. Resultado: mientras otros equipos descansaban en suites de lujo, los iraníes jugaban con el pasaporte en la mano y la frontera a cuestas.

Y para cerrar el circo, una senadora paraguaya llamó “bruto”, “rico nuevo” y “camerunés colonizado” a Kylian Mbappé, ignorando que el delantero nació en París, creció en Francia y siempre defendió la camiseta azul. Porque nada más patriótico que insultar a alguien por su origen mientras él marca goles por tu selección… aunque no sea la tuya.

En resumen, este Mundial quedará en la historia no por los goles, sino por la cantidad de políticos que convirtieron cada partido en una guerra de declaraciones, pancartas y ofensas gratuitas. Al final, el único que realmente une a todos es el balón… aunque, según parece, hasta ese termina siendo rehén de las Malvinas, las visas y los insultos de senadoras que no saben dónde nació el goleador.