Pedro Sánchez y Donald Trump están a punto de coincidir en la final del Mundial 2026 en Nueva Jersey, donde España podría enfrentarse a Argentina. La Moncloa ya confirmó que el presidente español estará allí, y Trump podría acabar entregando el trofeo con una mano mientras con la otra amenaza con cortar todo el comercio con España, incluidas las visitas de turistas y el jamón ibérico.
Las relaciones entre ambos siguen más tensas que una discusión de cuñados en Nochebuena. Trump sigue enfadado porque España no quiere gastar el 5 % del PIB en defensa y ha soltado amenazas de represalias como quien dice “o pagas la ronda o te quedas sin tabaco”. Sánchez, por su parte, le negó el uso de las bases militares y el espacio aéreo para el ataque a Irán, algo que en Estados Unidos se interpretó como “no te presto ni el coche para ir al súper”.
En la cumbre de la OTAN en Ankara el ambiente fue de “nos odiamos pero hablamos del fútbol”. Trump luego suavizó el tono y dijo que España había sido “muy generosa”, frase que en Moncloa se tradujo como “ya nos hemos puesto al día con el 2 %”. La familia real también asistirá: Felipe VI, Letizia, Leonor y Sofía, completando el cuadro de “reunión familiar incómoda en la que todos sonríen para la foto pero se tiran pullas por debajo de la mesa”.
Resumen: dos líderes que se llevan como el perro y el gato van a compartir palco en una final de fútbol mientras uno amenaza con embargo y el otro finge que todo va bien. Como siempre en la política española: mucho Mundial, mucha foto y cero confianza.