Donald Trump ha anunciado que va a soltar toda la información secreta que, según él, demuestra que China robó 220 millones de registros de votantes desde 2020. El presidente ha dicho que el sistema electoral está más expuesto que una paella sin tapa en pleno agosto y que esto es “la pesadilla más grande de la historia”. O sea, que los chinos entraron, se llevaron los datos y se fueron silbando como quien roba el jamón de la nevera de un vecino despistado.
El numerito llega justo cuando Trump sigue sin tragar que perdió contra Biden y necesita que todo el mundo crea que le hicieron la cama. Ahora resulta que China lleva años jugando al “coge lo que puedas” con los datos electorales y nadie se dio cuenta hasta que él decidió desclasificar el dossier. Es como si en España alguien anunciara que ETA robó las actas de las elecciones de 2011 y lo soltara en un mitin tres años después de perder.
Trump, con su tono de vendedor de crecepelo por teléfono, ha insistido en que esto demuestra que el sistema está “peligrosamente expuesto”. Los chinos, mientras tanto, probablemente sigan con su vida sin enterarse de que acaban de ser acusados de robar más datos que los que hay en el DNI de toda la provincia de Toledo.
Resumen: Trump otra vez con la misma película de que le robaron todo, ahora con China como malo de la cinta. 220 millones de votantes desaparecidos, cero pruebas nuevas y el resto del planeta preguntándose si esto es inteligencia o simplemente otro capítulo de “el que pierde siempre tiene la culpa de otro”. Como en tantas familias: el que no gana el bingo dice que le han cambiado las bolas.