Washington ha soltado un informe de 100 páginas donde acusa a Cuba de llevar casi siete décadas metiendo la nariz en todo el gobierno estadounidense, reclutando activistas y hasta apoyando “terrorismo de izquierda”. Según el Departamento de Estado, la isla ha infiltrado las altas esferas como quien mete hormigas en una cocina: despacio, constante y sin que nadie se dé cuenta hasta que ya es tarde.
El documento señala a la Red Nacional sobre Cuba, que agrupa a los Demócratas Socialistas y hasta al actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. O sea, que según Washington, La Habana lleva años formando generaciones de gente que luego acaba en el Congreso o en el ayuntamiento. Rubio, por su parte, ha declarado que el terrorismo de extrema izquierda vuelve a ser la principal amenaza violenta desde los atentados de 2001, como si el mundo fuera un patio de colegio donde solo hay dos pandillas y Cuba lleva la batuta de una.
El informe no trae sanciones nuevas ni medidas concretas, solo una larga lista de quejas contra organizaciones todavía activas. Es como si Estados Unidos hubiera encontrado el diario de Cuba lleno de notas del tipo “hoy recluté a tres universitarios y mañana tocan los ayuntamientos”. Mientras tanto, la isla comunista sigue en su papel de villano de película antigua que nunca se retira.
En resumen, Washington se ha dado cuenta de que el vecino de al lado lleva décadas robando la wifi y ahora lo ha puesto por escrito. Cuba, por su parte, probablemente siga operando como siempre: con paciencia de viejo y sin prisa por jubilarse del espionaje. El informe queda ahí, como una queja formal que nadie va a leer hasta el próximo escándalo.