El nuevo Congreso de Colombia arrancó sus funciones con 284 legisladores que parecen más un grupo de WhatsApp familiar que una institución seria. El presidente electo, Abelardo de la Espriella, un abogado millonario de 47 años sin partido propio, se enfrenta a la primera prueba real: armar mayorías para sus reformas o, si no, empezar a firmar decretos como si fuera el dueño del país.
Su partido de apoyo apenas consiguió cinco curules, lo que en términos prácticos significa que De la Espriella llega al poder con menos respaldo legislativo que un influencer que promete cambiar el mundo. La izquierda, liderada por Iván Cepeda, se quedó con el bloque más grande y ya anunció que entra en “resistencia”, como si estuviera preparando una novela de época.
Las ideas estrella del ultraderechista son tan ambiciosas como un plan de dieta de tres días: recortar el Estado en un 40 %, golpear con mano dura a los narcotraficantes y desmontar el tribunal de paz nacido del acuerdo con las FARC. Si el Congreso le pone trabas, ya avisó que gobernará por decreto, lo que en la práctica significa que si no le hacen caso, él mismo se redactará las leyes en la noche y las publicará al día siguiente.
La primera votación importante será la elección del presidente del Senado, donde se enfrentarán un aliado de De la Espriella y un representante del uribismo. Álvaro Uribe, que primero lo respaldó y después se alejó como quien se arrepiente de haber prestado dinero, sigue siendo una pieza clave. El ambiente está tan fragmentado que hasta los analistas hablan de “tensión”, lo que en Colombia suele significar que en cualquier momento alguien saca la calculadora para contar votos y otro amenaza con salir a la calle.
Mientras tanto, Gustavo Petro se despidió con un discurso de despedida en un barrio popular de Bogotá y De la Espriella posó con 5.000 uniformados en Medellín prometiendo ser “el primer defensor de policías y soldados”. La transición, que ya parecía complicada, ahora se parece más a un reality de supervivencia donde todos saben que el que no tenga aliados se queda sin decreto y sin foto.