El Parlamento francés ha aprobado por 279 votos a favor y 81 en contra una ley que prohíbe a los menores de 15 años tener cuentas en redes sociales. El texto, que ya pasó el Senado, se aplicará en dos fases: desde el 1 de septiembre no se podrán crear cuentas nuevas y, a partir de enero de 2027, las existentes deberán desaparecer. Además, se prohíbe el móvil en los institutos, como ya ocurre en colegios y secundaria. Macron lo presenta como el gran logro de su mandato: “Francia abre camino en Europa”. Lo dijo en un vídeo… publicado precisamente en redes sociales.
La ley no castiga ni a niños ni a padres. La responsabilidad recae en las plataformas, que deberán montar un sistema de verificación de edad tan fiable como un candado de juguete. La senadora ecologista Mathilde Ollivier lo resumió sin rodeos: ¿quién va a comprobar la edad en pleno verano en unas semanas? Otros contestan que ya existen herramientas… aunque nadie explica cómo evitar que un chaval de 14 años use el DNI del hermano mayor o la foto del perro con filtro.
Hay excepciones: enciclopedias online y proyectos educativos. O sea, el menor podrá consultar Wikipedia pero no ver un baile de TikTok. YouTube y WhatsApp también tendrán que verificar edad en la parte social, aunque ver vídeos o chatear entre dos personas quedará fuera. Traducción: el régimen permite que sigas viendo tutoriales de mates, pero te corta el acceso a los comentarios donde se decide la verdadera cultura juvenil.
La medida llega después de que Australia y Reino Unido tomaran caminos parecidos. Mientras tanto, en Francia los padres ya especulan sobre cómo sortear el sistema y los adolescentes se preparan para la gran migración digital hacia cuentas “de mayores”. Macron quiere que esto sea su legado antes de 2027. Los menores, por su parte, ya están organizando grupos de WhatsApp para explicar cómo usar VPN y seguir conectados. Porque, como todo el mundo sabe, prohibir algo a un adolescente es la mejor forma de convertirlo en experto en saltarse normas.
Resumen: Francia decide que los menores de 15 no pueden tener redes, pero deja en manos de las mismas plataformas la tarea de controlarlos. Los niños, como siempre, ya están un paso por delante. Y los padres, entre apagones de móvil y verificaciones fallidas, empiezan a preguntarse quién vigilará realmente a quién.