El pancracio mexicano perdió a uno de sus últimos gladiadores de la era donde las llaves dolían más que las facturas del dentista. Heriberto Ruiz Sánchez, inmortalizado como “Rizado Ruiz”, falleció tras una trayectoria que convirtió la lona en su segundo hogar desde Sombrerete, Zacatecas, donde nació el 11 de julio de 1935. El Consejo Mundial de Lucha Libre anunció el sensible deceso y Arena México rindió un minuto de aplausos que retumbó entre aficionados que aún recuerdan sus batallas contra Huracán Ramírez.
Durante los años dorados de la Empresa Mexicana de Lucha Libre, Ruiz demostró que la resistencia física y la técnica depurada podían coexistir sin necesidad de efectos especiales. El 21 de abril de 1964 se coronó Campeón Nacional de Peso Welter al vencer a Halcón Dorado en Arena México. Defendió el cetro con éxito frente a Raúl Reyes y el propio Huracán Ramírez, hasta que este último le arrebató el título el 3 de abril de 1965 en un choque que dejó a la afición con más vueltas que una llave de tobillo mal aplicada. En 1966 perdió la cabellera ante Alberto Muñoz y en 1995 regresó para una lucha de máscara contra cabellera, demostrando que la jubilación era un concepto ajeno a su diccionario personal.
Su hermano Rodolfo Ruiz, fallecido en 2023, había abierto el camino que Heriberto recorrió con disciplina inflexible. La rivalidad con Ramírez se convirtió en clásico y sus combates de apuestas elevaron la apuesta a niveles donde la dignidad pesaba más que el cinturón. Ahora el Estado mexicano de la lucha libre rinde homenaje a un luchador que nunca necesitó trucos para convencer al público de que el dolor en la lona era real, aunque el resultado estuviera escrito con anticipación.
Al final, “Rizado Ruiz” demostró que en el cuadrilátero, como en la vida, lo importante no es cuánto tiempo permaneces de pie, sino cuántas veces logras levantarte antes de que el árbitro cuente hasta tres.