El embajador de México en Nicaragua, Guillermo Zamora Villa, se pasó de la raya y envió una misiva oficial rebosante de cariño y admiración hacia Daniel Ortega y Rosario Murillo por el 47 aniversario de la Revolución Sandinista. En el texto, el diplomático no solo felicita, sino que prácticamente les declara su amor eterno, asegurando que Nicaragua está “muy bien representada” por la pareja presidencial. El mensaje, sellado con toda la formalidad de la embajada, termina con un “fraterno y cálido abrazo” que más parece dedicatoria de quinceañera que nota diplomática.
Mientras tanto, Ortega y Murillo aprovechan la misma celebración para anunciar que van a reformar las leyes para que los partidos de oposición no puedan ni presentarse a elecciones. Según ellos, se trata de proteger la soberanía frente a Estados Unidos, que según Rosario “diseña” los comicios desde Washington. En la práctica, es como si un equipo de fútbol decidiera que solo puede jugar él mismo y que los rivales quedan descalificados por “traidores”.
El embajador mexicano eligió el momento perfecto para mandar flores: justo cuando el gobierno sandinista prepara la jugada para quedarse solo en la papeleta. Zamora Villa, nombrado en tiempos de López Obrador, parece haber confundido el cargo de embajador con el de admirador oficial del régimen.
En resumen, México envía un abrazo diplomático mientras Nicaragua cierra la puerta a cualquiera que no sea del club familiar. Ortega y Murillo celebran la revolución con una reforma que básicamente dice: “Elecciones sí, pero sin oposición, que eso es cosa de imperialistas”. El embajador, por su parte, sigue mandando cartas de cariño como si estuviera escribiéndole a sus suegros en Nochebuena.