El Ejecutivo español ha decretado la emergencia de alcance nacional en Madrid y Ávila porque los incendios forestales se han salido de control, como un botellón en la sierra que nadie sabe cómo parar. Diez mil personas han tenido que ser evacuadas mientras las llamas avanzan más rápido que los rumores en un grupo de WhatsApp de vecinos enfadados.
El Ministerio del Interior ha decidido pasar el mando a la Unidad Militar de Emergencias, porque las comunidades autónomas solas no dan abasto y el calor ha convertido los montes en una hoguera digna de San Juan pero sin música ni chorizo. Isabel Díaz Ayuso pidió ayuda a gritos alegando que los incendios están “fuera de capacidad de extinción” y que mañana vendrá más calor que una ola de calor en agosto en pleno cambio climático.
Pedro Sánchez, desde su cuenta, ha recordado que ya han desplegado todos los medios disponibles y ha pedido a la población “mucha precaución”, como si la gente estuviera pensando en ir a hacerse un selfie con las llamas. Mientras tanto, en Guadalajara un incendio ya ha devorado 32.000 hectáreas y en todo el país se han quemado cerca de 125.000 desde enero, un récord que España celebra con la misma alegría que cuando gana la selección pero sin la resaca de la fiesta.
El Gobierno ha activado la emergencia nacional porque las condiciones meteorológicas son “especialmente adversas”, es decir, hace un calor que hasta las lagartijas piden agua con gas. La UME ahora dirige la operación, lo que en la práctica significa que los militares han pasado de maniobras a convertirse en los bomberos oficiales del país mientras los políticos se tiran la culpa como si fuera un balón de playa ardiendo.
En resumen, España sigue su tradición veraniega de quemarse entera, el Gobierno declara emergencias cuando ya no queda más remedio y los ciudadanos evacuados miran desde lejos cómo su monte se convierte en paisaje lunar. Porque al final, cuando el país arde, lo único que queda es pedirle al ejército que apague el fuego antes de que el siguiente verano sea aún más épico.