Washington – El presidente Donald Trump anunció con su habitual modestia que Estados Unidos e Irán mantienen conversaciones para poner fin al conflicto, aunque aclaró que Teherán “todavía no está listo para firmar el acta de matrimonio”. Según él, los iraníes se están tomando el asunto “más en serio que nunca”, pero eso no garantiza que vayan a cerrar el trato. Es decir, están hablando por teléfono, pero uno de los dos sigue colgado cuando suena la alarma de misiles.
La escena recuerda a esas parejas que discuten en la mesa del comedor mientras uno amenaza con tirar los platos y el otro finge que solo está “negociando los términos del divorcio”. Trump, desde la Casa Blanca, soltó la perla como quien cuenta que su vecino del quinto ya casi acepta pagar la comunidad: “Estamos hablando, se lo están tomando en serio… pero ya veremos”. Traducido al lenguaje de la calle: “Les estoy dando una oportunidad antes de que les suelte la chancla diplomática”.
Los analistas más cínicos ya imaginan la reunión como un capítulo de telenovela venezolana: luces tenues, una botella de petróleo sobre la mesa y Trump repitiendo “yo soy el que más quiere la paz, pero si no firmas te mando la factura del ejército”. Mientras tanto, en Teherán probablemente responden con la clásica táctica de “déjame pensarlo y te llamo”, que en relaciones internacionales significa “vamos a seguir enriqueciendo uranio mientras tú te distraes con tu teléfono”.
Al final, el gran logro del día es que dos países que se miran con cara de pocos amigos ahora al menos se mandan mensajes por WhatsApp diplomático. Porque cuando el mundo está al borde del abismo, lo más adulto que puede pasar es que los dos bandos digan “estamos hablando” y sigan preparándose por si acaso el otro cuelga primero.