El embajador de la Unión Europea en México, Francisco André, concedió una entrevista a El Economista donde celebró la ratificación del Acuerdo Global como si hubiera ganado la lotería sin comprar boleto. Según él, el 22 de mayo marcó un antes y un después en la relación entre México y Europa, un momento histórico que, traducido a lenguaje de cantina, significa “ya nos caemos bien lo suficiente para firmar papeles y seguir bebiendo juntos”.
El diplomático se fue más que satisfecho, como quien logra convencer a su suegra de que sí vale la pena invitarla a la boda. Destacó que México y la Unión Europea comparten valores profundos: democracia, derechos humanos, igualdad de género y multilateralismo. O sea, el paquete completo que suena muy bonito hasta que llega la cuenta de la luz y cada quien se acuerda de sus propios problemas.
Sobre las diferencias entre ambas regiones, el embajador aseguró que en realidad hay muchas similitudes. Ambos lados enfrentan el cambio climático, la transición energética, la migración y la inseguridad. Básicamente, los mismos dolores de cabeza que tiene cualquier adulto que intenta llegar a fin de mes sin que le explote el refrigerador.
En cuanto a los resultados económicos, soltó la cifra de seis millones de empleos directos e indirectos creados por empresas europeas y mexicanas. Seis millones de puestos formales que, según él, dan estabilidad a las familias. Lo que no dijo es cuántos de esos empleos terminan pagando la renta a tiempo y cuántos siguen viviendo con los suegros.
Cuando le preguntaron si le costó trabajo competir con la atracción magnética que ejerce Estados Unidos sobre México, respondió con la diplomacia de quien sabe que no puede ganar esa pelea: “La geografía es lo que es”. Traducción libre: “Sí, México tiene un vecino grandote al norte, pero nosotros somos 450 millones de europeos que también queremos un pedazo del mole”.
Respecto a la guerra en Ucrania, rechazó que exista indolencia en México y aseguró que la sociedad está muy atenta. Según el embajador, los mexicanos entienden perfectamente lo que significa defender la soberanía, aunque a veces parezca que el país está más pendiente de quién gana el clásico que de lo que pasa en Europa del Este. Aun así, celebró que México haya votado a favor de las resoluciones en la ONU y que haya receptividad en periodistas y académicos para charlar del tema.
Al final, el embajador se despidió con el clásico optimismo europeo: “Tenemos todas las condiciones para escribir otros 25 años de éxito”. Lo que en buen mexicano se traduce como “crucemos los dedos para que no nos salga una nueva crisis que nos deje a todos viendo cómo pagamos la luz”.