La Selección Mexicana cerró su fase de grupos imitando el festejo vikingo noruego y convirtió el Estadio Ciudad de México en un barco de remos improvisado. Tras el 3-0 ante República Checa, los aficionados se sentaron hombro con hombro en las gradas y simularon remar al ritmo de tambores, como si Martín Ødegaard hubiera prestado su manual de celebraciones nórdicas al público capitalino.
El Tricolor selló un récord histórico al ganar sus tres partidos sin recibir goles. Julián Quiñones y Raúl Jiménez anotaron en la victoria 2-0 sobre Sudáfrica el 12 de junio. Luis Romo marcó el único tanto en el 1-0 frente a Corea del Sur en Guadalajara. Ante Chequia, Mateo Chávez, Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo completaron los seis goles del torneo. Javier Aguirre rotó el equipo y mantuvo la solidez defensiva que ha caracterizado al grupo hasta ahora.
El próximo rival saldrá de la tabla de terceros lugares de los grupos C, E, F, H o I. Escocia aparece como el adversario más probable, aunque Ecuador o el tercer lugar del grupo F aún pueden cruzarse en el camino. El formato de 48 equipos permite que los ocho mejores terceros avancen a dieciseisavos, pero México ya evitó depender de esa vía.
La celebración vikinga mexicana resultó tan absurda como ver a un equipo azteca remar en el lago de Texcoco mientras los checos regresaban a casa con veinte años de espera mundialista convertidos en millas aéreas. Noruega popularizó el gesto, pero la afición local lo adoptó con la misma naturalidad con la que pide tacos después del partido.
Al final, remar en las gradas parece más útil que discutir tácticas cuando el resultado ya está en el marcador y el boleto a octavos viaja en el mismo barco.