El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha salido esta semana con cara de pocos amigos a amenazar a las gasolineras: bajad los precios ya mismo, que el Gobierno está vigilando como un suegro en la boda. Todo coincide con la celebración del 250 aniversario de Estados Unidos, esa fiesta donde la gente se pone roja, blanca y azul mientras el país sigue pareciendo un reality de broncas constantes.
Bessent, en plan eco fiel de su jefe, repitió la advertencia de Donald Trump: si no bajáis a 2,5 dólares el galón, os esperan “grandes problemas”. Trump lo soltó en redes como quien amenaza a un vecino por el volumen de la música: “¡Si no lo hacéis, os van a llover hostias administrativas!”. Las gasolineras, entre las grandes petroleras, las independientes y las cadenas de tiendas de chuches, se han quedado mirando el surtidor como si les hubieran pedido que regalen el oro.
El sábado llega el 4 de julio y la fiesta del cuarto de siglo de la independencia. Pero los precios del petróleo se han disparado después de que Estados Unidos e Israel liaran una bronca con Irán a finales de febrero. Teherán contestó con misiles y ahora el combustible cuesta lo que un riñón en el mercado negro. Los conductores se quejan, los republicanos sudan para mantener sus ajustadas mayorías en el Congreso y las elecciones de noviembre se acercan como una multa de tráfico.
En plan MAD adulto: imagínate a Trump y Bessent disfrazados de mafiosos de barrio ofreciendo “protección” a las gasolineras: “O bajas el precio o te quedas sin clientes… y sin dientes”. Mientras tanto, el país celebra 250 años de “libertad” llenando el depósito a precio de caviar y preguntándose si el próximo año el aniversario se pagará en criptomonedas o en lágrimas.
¿El resultado? Un cumpleaños con fuegos artificiales, pero el único cohete que sube es el del precio de la gasolina. ¡Feliz 250, que os den!