La Selección Mexicana de Boxeo debutó en la Copa Mundial de Guiyang, China, como quien llega a una fiesta sin conocer a nadie pero decide bailar igual. Tras la primera jornada, el saldo es una victoria y una derrota, suficientes para mantener el ambiente ligero mientras los puños siguen volando.
Valeria Sarahí Amparán Pizarro, campeona mundial juvenil, fue la encargada de abrir el marcador positivo. En la categoría de 51 kilogramos, la boxeadora duranguense venció por decisión unánime 4-1 a Danisha Mathialagan de Singapur. Las tarjetas reflejaron un combate controlado: 29-28 en cuatro ocasiones y 28-29 en una. Amparán dominó el ritmo y aseguró su pase a la siguiente fase, donde el 18 de junio enfrentará a la francesa Romane Moulai. Su actuación recordó que la precisión puede ser más efectiva que cualquier espectáculo pirotécnico.
En la rama varonil, Harold Armin Santos Mancilla, en 60 kilogramos, cayó por decisión dividida 2-3 ante el canadiense Keoma Al Ahmadieh. Los jueces anotaron 27-30, 30-27, 30-27, 30-27 y 28-29. Aunque el resultado lo eliminó, el combate dejó claro que cada golpe cuenta y que las tarjetas a veces parecen escritas con tinta invisible.
La jornada mexicana continúa con tres combates pendientes. Fátima Patricia Herrera Álvarez, subcampeona de la primera fase del circuito, subirá al ring en 48 kilogramos contra la local Xiong Guanyun. El torneo, organizado por World Boxing, sigue su curso con pugilistas de varios países midiendo fuerzas en un escenario donde cada victoria suma y cada derrota enseña algo nuevo sobre el arte de esquivar.
Al final, la delegación mexicana demostró que en el boxeo internacional lo importante no es solo ganar, sino hacerlo con la suficiente gracia como para que el público chino se quede mirando el siguiente asalto.