El primer ministro británico, Andy Burnham, ha decidido que los pubs, discotecas y locales de música en directo paguen un 20% menos de tasas a partir de abril. Según él, esto es para “revitalizar las comunidades” y que la gente deje de desaparecer de las calles principales como si fueran fantasmas después de una noche de copas.
La medida supone un ahorro de unas 1.100 libras al año para un pub normalito y beneficiará a unos 32.000 locales. El Gobierno gastará 100 millones de libras en esto, pero Burnham asegura que es necesario porque “durante demasiado tiempo los políticos se han quedado mirando cómo los bares se cierran”. O sea, ahora resulta que el Estado se preocupa por el derecho sagrado del adulto a emborracharse sin que le cueste un riñón.
El sector hostelero, que lleva años quejándose de que entre sueldos, luz y alquileres no hay quien sobreviva, aplaude la noticia. Aunque muchos pedían que bajaran el impuesto a la mitad, Burnham ha preferido ir por partes, como quien da migajas de pan a un borracho en la barra.
Para pagar esto, el Gobierno piensa revisar las ayudas a las tiendas de cigarrillos electrónicos, que según ellos “no aportan nada positivo a las comunidades”. Traducción: “Los vapeadores no nos dan votos ni generan ambiente, así que que se jodan”. También van a ir a por las empresas que venden por internet sin pagar impuestos, porque parece que el problema no son solo los pubs, sino que hay quien se forra sin poner un solo vaso sucio en la barra.
Burnham, que lleva poco tiempo en el cargo, ya ha eliminado el impuesto de la luz y puesto tope a los autobuses. Ahora le toca a la cerveza. Al final va a resultar que el plan maestro para salvar Reino Unido es que todo el mundo esté lo suficientemente borracho como para no darse cuenta de que el país sigue yendo a la deriva.