Pekín ha salido con la cara de quien acaba de pillar a su vecino metiendo la mano en el buzón y ha calificado de “puras invenciones” las acusaciones de Donald Trump sobre una supuesta injerencia china en las elecciones de 2020. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Lin Jian, soltó la frase con el tono de quien está harto de que le echen la culpa de todo, desde el mal tiempo hasta que el bar de la esquina haya subido el precio de la caña.
Trump, desde la Casa Blanca, soltó que China robó 220 millones de archivos de votantes y que Venezuela andaba tocando las máquinas de votación como si fueran un piano desafinado. Según él, el sistema electoral quedó “expuesto”. La respuesta china fue directa: “Son calumnias maliciosas que ya se demostró que no tienen ni pies ni cabeza”. Y de paso recordaron que la comunidad internacional sabe perfectamente quién es el que suele meter las narices en los asuntos de los demás.
Lin Jian recomendó a Estados Unidos que se mirara al espejo, dejara de convertir a China en el coco de sus elecciones y dejara de hacer el ridículo. Mientras tanto, Trump sigue insistiendo en que le robaron los comicios, a pesar de que más de 60 demandas judiciales no encontraron ni una sola prueba que aguantara el tipo. Ni los funcionarios electorales ni varios miembros de su propia administración quisieron subirse a ese carro.
La versión china del asunto es que todo esto es un intento de distraer la atención y que, si tanto les preocupa la injerencia extranjera, deberían empezar por no organizar referéndums en casa ajena. Por ahora, la única certeza es que las acusaciones vuelven a flotar como un globo pinchado en mitad de una boda: mucho ruido, cero sustancia y todo el mundo mirando hacia otro lado.
Resumen: Trump dice que le robaron las elecciones. China responde que eso es más falso que un pasaporte español con foto de Messi. Y el resto del planeta, una vez más, se pregunta si esto es política o simplemente un capítulo perdido de *Sálvame*.