La República Democrática del Congo ha decretado la prohibición de concentraciones públicas en cuatro provincias, incluida la capital Kinshasa, justo antes de la manifestación del 8 de julio contra la reforma constitucional. El ministro del Interior alega el brote de ébola, aunque ninguna de esas zonas tiene casos… todavía. La excusa oficial es “evitar la transmisión”, pero la oposición lo ve más claro que el agua del río Congo: es una jugada política para que el presidente Félix Tshisekedi pueda aspirar a un tercer mandato sin que nadie monte jaleo en la calle.
El brote ya ha dejado 1.274 contagiados y 360 muertos en las provincias orientales, pero la prohibición llega a las zonas limpias con la misma lógica de quien cierra el bar porque hay un resfriado en la otra manzana. Prince Epenge, portavoz de la coalición Lamuka, lo ha denunciado sin rodeos: la medida está “motivada políticamente” y la protesta del 8 de julio se celebrará igual, ébola o no.
En plan MAD adulto: imagínate al gobierno disfrazado de médico de urgencias con un termómetro en una mano y un porrazo en la otra, gritando “¡todo el mundo a casa que hay virus!” mientras Tshisekedi se mide la silla presidencial por si le queda un poco más grande para un tercer culo. La oposición llama a manifestarse y el Ejecutivo responde con “no se puede, que el ébola no respeta pancartas”.
El resultado es un país con muertos de verdad por un lado, una prohibición de protestas por el otro y un presidente que parece dispuesto a usar cualquier excusa sanitaria para seguir en el poder. ¡Feliz tercer mandato con virus, que os den con la vacuna!