El Ministerio de Energía y Minas anunció que el Sistema Eléctrico Nacional se desconectó por completo el martes, dejando a la isla sumida en tinieblas por enésima ocasión. Este es el tercer apagón masivo en apenas nueve días, mientras el bloqueo petrolero de Estados Unidos sigue apretando el nudo a unas termoeléctricas que parecen más viejas que el cuento de la buena pipa.
En La Habana los semáforos se apagaron como si hubieran decidido tomarse vacaciones sin avisar, y el zumbido de los generadores se escuchaba por todas partes, recordando a todo el mundo que el diésel es más escaso que un político cumpliendo promesas. Los cortes crónicos ya tienen a la gente con la paciencia en los huesos: protestas nocturnas pequeñas, golpes de cacerolas desde los balcones y la misma rabia de siempre contra el embargo que Washington mantiene desde hace más de seis décadas.
El ministro lo repite como disco rayado: sin combustible y sin piezas de repuesto, el sistema se cae solo. La gente, entre velas y ventiladores muertos, ya ni sabe si reír o seguir maldiciendo al vecino que tiene luz mientras ellos se quedan viendo el techo. Otro capítulo de la serie “Cuba sin corriente”, donde el final siempre es el mismo: más oscuridad y la misma pregunta flotando en el aire caliente.