Lucas y Matías, dos jóvenes argentinos, decidieron que el Mundial 2026 merecía algo más que un vuelo barato. Con un Chevrolet Corsa como única casa, partieron de Argentina y tardaron dos meses y medio en llegar a la Ciudad de México, justo antes de la inauguración. Estacionaron a metros del Estadio Azteca, mate en mano, después de recorrer catorce mil kilómetros por once países y diez fronteras.
El viaje fue una mezcla de carretera, improvisación y contenedores marítimos. Entre Colombia y Panamá el auto viajó solo en barco mientras ellos tomaban un avión. Dentro del Corsa cabía todo: cocina, bolsas de dormir, carpa y herramientas. No hubo ruta fija; adaptaron el camino sobre la marcha. Sin visa para Estados Unidos, México se convirtió en el destino perfecto. Llegaron sin entradas para la ceremonia, pero con la certeza de que la fe y el mate bastarían.
Los dos narraron su odisea con la misma tranquilidad con la que cruzaron nieve, desierto y asfalto. Planeando apenas dos meses antes, transformaron el auto en su sostén y en la estrella de sus redes “América en Corsa”. Ahora planean quedarse un mes y medio disfrutando el torneo en México, recorrer la costa del Pacífico y visitar algún restaurante inspirado en la vecindad del Chavo. Antes de seguir, agradecieron a quienes los siguieron y lanzaron su deseo: aguante Argentina, vamos por la cuarta.