El presidente Daniel Noboa firmó un decreto que convierte a las tropas aliadas en intocables mientras ayudan a machacar al narco en las calles ecuatorianas. Ahora los militares extranjeros podrán operar sin que nadie los toque, ni siquiera con un dedo, mientras el país sigue sumido en un conflicto armado interno que parece sacado de una serie de Netflix pero sin final feliz. Noboa lo anunció tras su visita al Pentágono, donde charló con los halcones de Trump y salió con la cara de quien acaba de conseguir refuerzos gratis para su guerra particular contra las bandas que controlan el 70 % de la cocaína que sale de Colombia y Perú.
El texto es claro: inmunidad total conforme a acuerdos internacionales. O sea, los gringos y quien se apunte podrán dar consejos, mandar tecnología y, si hace falta, entrar en Guayas, Manabí o Los Ríos sin miedo a que un juez ecuatoriano les ponga una multa por exceso de puntería. Noboa lo vendió como “Ecuador ya no pelea solo”, como si el país fuera un niño de primaria que por fin consigue guardaespaldas en el recreo. Mientras tanto, 13.000 militares locales ya están desplegados en la costa, aunque los extranjeros de momento solo darán “asesoramiento”. Claro, porque nada tranquiliza más a la población que saber que los refuerzos vienen con inmunidad incluida y sin fecha de caducidad.
Los organismos de derechos humanos ya están protestando por abusos y desapariciones, pero Noboa sigue con su política de mano dura como si estuviera jugando al fútbol y llevara la tarjeta roja en el bolsillo por si acaso. Los narcos, que convirtieron Ecuador en uno de los países más violentos del continente con 51 asesinatos por cada 100.000 habitantes, ahora tendrán que enfrentarse a un equipo reforzado que ni siquiera puede ser sancionado. Algo así como invitar a los ultras del equipo rival a tu estadio y además darles pase libre para entrar al vestuario.
En resumen: Ecuador ha decidido que la mejor forma de combatir el crimen organizado es blindar a los extranjeros que vengan a ayudar, porque nada dice “soberanía” como dejar que otros disparen sin consecuencias. La guerra contra el narco sigue su curso, con más soldados, más inmunidad y el mismo olor a pólvora y cocaína que lleva años impregnando el país. ¡Viva la cooperación internacional… siempre que no te pidan explicaciones después!