La Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, aprobó por 214 votos contra 208 una resolución que ordena a Donald Trump dejar de atacar a Irán. Cuatro republicanos rebeldes se unieron a los demócratas para sacar la ley adelante. El texto, presentado por la representante Pramila Jayapal, le dice al presidente que retire las tropas “a menos que el Congreso lo autorice”. Es decir, un papel mojado con firma y todo.
Trump, que anda prometiendo un “castigo militar de gran envergadura” contra Irán y sus aliados hutíes después de que estos atacaran petroleros en el mar Rojo, ha seguido lanzando bombas nocturnas como si el Congreso fuera un grupo de WhatsApp que nadie lee. Mientras tanto, Irán contesta disparando contra bases estadounidenses en países vecinos y la cosa se parece cada vez más a una pelea de borrachos en una boda que nadie sabe cómo empezó.
Los cuatro republicanos que rompieron filas (Tom Barrett, Brian Fitzpatrick, Warren Davidson y Thomas Massie) ahora son los nuevos héroes de la oposición… o los traidores según el día y el canal de televisión. Al final, la resolución tiene tanto efecto real como una multa de tráfico enviada por correo a un tanque: el tanque sigue avanzando y el sobre se queda en el buzón.
Trump prometió más ataques y el Congreso prometió más resoluciones. El resultado es previsible: más explosiones, más muertos y más políticos de ambos lados presumiendo de haber “hecho algo” mientras el mundo arde. Porque en Washington, cuando no pueden parar una guerra, al menos pueden imprimir un documento que diga que la guerra está prohibida. Y eso, para ellos, ya cuenta como victoria.