El banco suizo UBS soltó la advertencia: el fenómeno meteorológico más impredecible del Pacífico podría convertirse en la próxima pesadilla de los mercados de la región. Según ellos, El Niño amenaza con inflar los precios como si estuviera soplando globos con aire caliente, mantener las tasas de interés altas más tiempo que una telenovela interminable y poner en aprietos a las economías más débiles del barrio.
El asunto es simple y dramático: lluvias torrenciales por un lado, sequías por el otro. Eso significa cultivos ahogados, pesca en crisis, hidroeléctricas secas y carreteras convertidas en ríos de lodo. Colombia aparece como la más vulnerable, con una mezcla explosiva de comida cara, luz que sube y finanzas públicas más frágiles que una promesa de político. Brasil y Perú tampoco se salvan: el primero por su debilidad económica general, el segundo porque el clima le puede romper la agricultura, la pesca y hasta las vías de transporte.
Venezuela podría quedarse sin luz por falta de agua en las represas, mientras que en Panamá el Canal podría quedarse con tan poca agua que los barcos tendrían que pasar como si estuvieran haciendo dieta. Del otro lado, Argentina podría llevarse la lotería si llueve más y se disparan los granos y la soja. Es decir, mientras unos se ahogan, otros celebran como si les hubiera tocado el premio gordo.
UBS advierte que cualquier subida de precios por el clima reforzará la idea de que los bancos centrales sigan apretando las tasas, porque nadie quiere que las monedas se debiliten más que un billete de papel higiénico. Al final, El Niño se presenta como ese invitado que llega sin avisar, rompe los platos, deja todo inundado y encima exige que le paguen por el desastre. Porque en esta fiesta económica, los que más sufren son siempre los mismos: los que ya tenían la nevera medio vacía.