En el Madison Square Garden, mientras los Spurs vencían 115-111 a los Knicks el 8 de junio, las cámaras captaron al titular del SAT Quintana Roo, Héctor Contreras Mercader, en zona VIP. Debajo del palco de Donald Trump, con jersey de los Knicks y su hijo al lado, el funcionario se convirtió en trending sin haber pedido el papel protagónico.
Las redes explotaron al descubrir que un boleto podía costar hasta 20 mil dólares y que su sueldo declarado ronda los 64 mil 650 pesos mensuales. De inmediato surgieron cálculos de cinco meses de ahorro por entrada, como si Contreras hubiera robado la taquilla en lugar de asistir a un partido. El escándalo creció más rápido que los precios después de que Trump confirmara su presencia.
Lo que los críticos llaman ostentación, otros podrían leer como presencia mexicana en un evento donde se cierran negocios, se observan mercados y se miden temperaturas políticas. Contreras, licenciado en finanzas con trayectoria en el ayuntamiento de Benito Juárez y ratificado por Mara Lezama, ocupa el cargo desde 2018. Su aparición en el Garden quedó registrada sin que él mismo la promoviera.
El verdadero misterio no es cómo pagó el boleto, sino por qué un partido de básquetbol genera más auditorías ciudadanas que ciertas empresas que declaran cero impuestos durante años. Mientras tanto, el SAT sigue operando, recaudando y apareciendo donde menos lo esperan, aunque sea solo para ver básquetbol.
El debate sobre austeridad republicana sigue vigente. Lo que cambió es que ahora también se discute en la zona más cara del Madison Square Garden.