El Estadio Guadalajara en Zapopan se convirtió este jueves 18 de junio en un lienzo volador cuando la Fuerza Aérea Mexicana decidió que el himno nacional necesitaba más que pulmones: necesitaba motores a reacción y humo de colores.
Tres aeronaves T-6C+ Texan II surcaron el cielo dejando una estela verde, blanca y roja que parecía una bandera gigante dibujada por un niño hiperactivo con marcadores nuevos. Mientras tanto, un helicóptero EC-725 Cougar cargaba una bandera monumental de México tan grande que podría haber servido de toldo para todo Jalisco, escoltado por un UH-60 Black Hawk de la Guardia Nacional que vigilaba que nadie intentara robar la escenografía.
La Secretaría de la Defensa Nacional explicó que estas maniobras demostraron la coordinación y disciplina de los pilotos frente a una audiencia internacional que probablemente esperaba solo un partido de fútbol. El despliegue, que incluyó sobrevuelos sincronizados y formaciones precisas, mostró también las capacidades tecnológicas de las fuerzas armadas mexicanas en un evento con alcance mundial.
Al final, el protocolo quedó claro: mientras el balón esperaba en el césped, el verdadero espectáculo ya había terminado arriba. México, como anfitrión de la fase de grupos, dejó constancia de que sabe recibir visitas con altura, literalmente.