El gobierno de Trump decidió suspender la mayoría de los controles de tráfico de ICE después de que dos conductores terminaran baleados como si fueran extras de una película de acción barata. Primero un mexicano en Houston y ahora Johan Sebastián Durán Guerrero, colombiano de 26 años, repartidor, padre de una niña de tres y con permiso de trabajo, abatido en Biddeford, Maine, cuando supuestamente intentó “huir”. Según ICE, el vehículo se movió y el agente “temió por la seguridad pública”. O sea, disparó primero y preguntó después… como en los dibujos animados, pero con balas de verdad.
Lo más gracioso (o trágico) es que los agentes ni siquiera llevaban cámaras corporales. Imagínense una telenovela sin cámaras: todo el mundo puede inventar el final. Un senador soltó que no había grabaciones del momento del tiro, solo imágenes después del hecho, como cuando llegas tarde a la fiesta y solo ves los vasos rotos.
Gustavo Petro, presidente colombiano, no se anduvo con rodeos y llamó al hecho “asesinato”. Mientras tanto, el Departamento de Seguridad Nacional ya está contando: van siete muertos desde que Trump volvió a la Casa Blanca. Parece más un marcador de fútbol que un registro de operaciones migratorias.
La suspensión, por supuesto, es “temporal”. Como cuando tu jefe te dice que solo te quita el celular por un rato y al día siguiente ya estás otra vez en el grupo de WhatsApp. Trump, en su estilo, ya está presionando para que se reanuden los retenes porque “son la herramienta más efectiva”. Traducido: mejor seguir parando carros aunque de vez en cuando salga un muerto por la ventanilla.
En resumen, dos países, dos conductores, siete cadáveres y una pausa que dura menos que un comercial de televisión. Los agentes siguen sin cámaras, los familiares siguen sin explicaciones y los políticos siguen contando muertos como si fueran puntos en un videojuego. Porque en esta película, el show de los retenes continúa… aunque el público termine saliendo en camilla.