El Ministerio de Exteriores de Irán ha montado un numerito digno de una telenovela de sábado por la tarde al acusar a Marco Rubio y a los ministros del Consejo de Cooperación del Golfo de meter las narices donde nadie los ha llamado. Según Teherán, la declaración conjunta es una injerencia intolerable, una provocación irresponsable y una muestra más de que los estadounidenses siguen comportándose como el vecino que aparca el coche en tu plaza y encima te pide que le laves los cristales.
El portavoz Esmail Baqaei se ha declarado directamente consternado, como si hubiera pillado a su suegra revisando sus mensajes. Ha soltado que los países del Golfo se han vendido a un “violador de la seguridad internacional” y que es una ironía amarga, un sinsentido que demuestra que nadie aprende de los errores recientes. O sea, que los vecinos del sur, en vez de defender la buena vecindad, han permitido que se lancen misiles desde su territorio y ahora Irán les pide que reconsideren antes de que la cosa se ponga todavía más fea.
Mientras tanto, Rubio y sus amigos del Golfo han reiterado su compromiso eterno con la seguridad regional, han exigido que se abra el estrecho de Ormuz sin peajes ni controles y han recordado que los misiles, drones y grupitos aliados de Irán son un incordio permanente. Traducido al lenguaje de bar: “Dejad de lanzar juguetes caros por encima de la valla o tendremos que llamar a los de seguridad”.
En resumen, Irán acusa a todo el mundo de entrometerse mientras pide que nadie use el territorio ajeno para fastidiarle. Los del Golfo responden que la seguridad no es un extra y que el estrecho es de todos. Y en medio, los misiles y los drones siguen esperando su turno como si fueran cromos de una colección que nadie quiere completar. ¡Menuda vecindad más sana!