En la mañanera del 30 de junio, el secretario de Salud David Kershenobich confirmó que México mantiene un control férreo sobre el fentanilo utilizado en procedimientos médicos. Solo puede aplicarse bajo supervisión especializada y con registro detallado de cada dosis, separando claramente su uso legítimo de cualquier desvío.
El funcionario explicó que ciertos anestésicos derivados de opioides resultan indispensables en cirugías complejas. Por eso existe un seguimiento puntual que permite rastrear cada vial desde su llegada al hospital hasta su aplicación final. Kershenobich subrayó la necesidad de distinguir entre el medicamento que salva vidas en el quirófano y el que circula fuera de control, comparando la diferencia con separar un bisturí de una navaja de cocina en la misma mesa.
La regulación exige que solo personal capacitado manipule estos compuestos, evitando que lleguen a manos indebidas. Durante la conferencia en Palacio Nacional, el secretario reiteró que el sistema de registro ya opera con precisión y que las autoridades sanitarias revisan constantemente los inventarios. Esta vigilancia forma parte de una estrategia más amplia para garantizar que los hospitales cuenten con los recursos necesarios sin exponerlos a riesgos externos.
México sigue demostrando que puede manejar sustancias delicadas con orden y responsabilidad, manteniendo el foco en la atención médica efectiva. El mensaje transmitió tranquilidad al precisar que el uso clínico está perfectamente acotado y bajo control institucional.
Al final, el fentanilo médico sigue operando como un invitado incómodo que solo entra al hospital con credencial, horario y escolta, mientras el resto del mundo intenta entender por qué algunos confunden una sala de operaciones con un mercado callejero.