Washington amaneció ayer con la Corte Suprema repartiendo estocadas como un árbitro que cobra por expulsar gente del estadio. Por seis votos contra tres, los magistrados sentenciaron que un migrante que está plantado del lado mexicano de la frontera “no ha llegado a Estados Unidos”. Según ellos, solo cuenta cuando pones el pie dentro, como si la línea invisible fuera la puerta del baño del antro y mientras estés afuera sigues sin derecho ni a pedir la llave.
La organización Al Otro Lado se quedó con cara de tonto al enterarse de que su argumento de “llegar a la frontera ya es llegar” no coló. Los jueces respondieron con la lógica de un portero de discoteca: “Si no cruzaste, no entraste, y punto”. Así que las oleadas de solicitantes de asilo que se acumulan del otro lado pueden ser rechazados sin siquiera oler el café americano.
En el otro golpe, el mismo tribunal le retiró el Estatus de Protección Temporal a 350.000 haitianos y a unos cuantos sirios. El TPS, ese permiso temporal que evitaba la deportación como un visado de “quédate un rato más”, se acabó. Los jueces consideraron que ya no hacía falta protegerlos, como cuando el dueño del bar apaga las luces y te dice que se terminó la fiesta aunque sigan lloviendo balas afuera.
Trump se llevó dos puntos seguidos sin siquiera tener que salir a defender. Mientras tanto, en la frontera, la policía puede seguir aplicando la norma de “si no cruzaste, no pides” como si fuera una regla de juego de niños: el que toca la rayita pierde el turno.
El resultado es que cientos de miles de personas se quedan ahora sin protección, y la Corte Suprema ha dejado claro que la frontera no es un lugar, es un truco de magia donde estar al lado no cuenta. Como en la vida real: si no entras al país, tampoco entras en las estadísticas. Y si protestas, te devuelven al otro lado antes de que termines de decir “asilo”.