Miles de aficionados neerlandeses tomaron las calles de Monterrey con banderas naranjas y cánticos que resonaron como una invasión amistosa días antes del duelo de dieciseisavos contra Marruecos. El Estadio Monterrey, que ya albergó tres partidos de fase de grupos, se prepara para su último encuentro del Mundial 2026 con una atmósfera de fiesta que mezcla cerveza, sombreros y coreografías improvisadas.
El choque del 29 de junio entre Países Bajos y Marruecos definirá el pase a octavos en un formato de eliminación directa. Previamente, Suecia goleó 5-1 a Túnez el 14 de junio, Japón venció 4-0 a Túnez el 20 de junio y Sudáfrica superó 1-0 a Corea del Sur el 24 de junio, todos en el mismo recinto regiomontano. Ahora la “Naranja Mecánica” busca repetir la magia de 2002 mientras los marroquíes intentan frenar el avance de una afición que parece haber pintado la ciudad entera con el color de una zanahoria gigante.
El ambiente se volvió una mezcla absurda de cánticos en neerlandés y tacos regios, donde los hinchas locales observan con curiosidad cómo los visitantes convierten cada esquina en una coreografía de molinos de viento humanos. La intensidad de ambos grupos de seguidores ha elevado el encuentro a uno de los más esperados de la fase eliminatoria, con el estadio listo para recibir su partido número 75 del torneo.
Al final, Monterrey demostró que puede acoger una invasión naranja sin perder el ritmo, dejando claro que el verdadero ganador será quien logre transformar el estadio en un carnaval antes de que el silbato final decida todo.