Bruselas. El Parlamento Europeo ha dado luz verde a una reforma migratoria que parece sacada de un guion de película de terror barata. A partir de ahora, los países miembros podrán montar centros de detención en el extranjero y acelerar las deportaciones como si fueran devoluciones de Zara. Ursula von der Leyen lo vendió como “herramientas más eficientes”, pero los críticos lo llaman directamente un sistema cruel que deja a los solicitantes de asilo con menos defensas que un toro en la plaza sin picadores.
La cosa viene de lejos: desde la llegada de más de un millón de personas en 2015-2016, el ambiente antiinmigración ha crecido como la espuma en los bares de la extrema derecha. Ahora los gobiernos se quejan de que no consiguen echar a nadie y piden procedimientos exprés. Von der Leyen escribió una carta a los Estados miembros prometiendo que todo será más rápido y eficaz. O sea, que en vez de trámites eternos, ahora será como un control de seguridad del aeropuerto: te miran el pasaporte, te dicen “no” y te suben a un avión sin mirar atrás.
Los críticos, empezando por Volker Turk de la ONU, lo ven como una deshumanización masiva que ya se ha puesto de moda en varios países. Mientras tanto, la Comisión Europea invitó a funcionarios talibanes a Bruselas para hablar de deportaciones de afganos, pero solo de aquellos que “representen un riesgo para la seguridad”. Traducción castiza: “Venid a negociar, pero solo echaremos a los que nos den miedo”. La reunión, según ellos, es “técnica” y no significa que reconozcan al régimen. Claro, como cuando invitas a alguien a tu casa a discutir el alquiler pero juras que no sois amigos.
Resumen del numerito europeo: la UE convierte las deportaciones en un trámite de ventanilla rápida, monta centros de retención donde le dé la gana y hasta charla con talibanes si hace falta. Todo envuelto en papel de “unidad” mientras los solicitantes de asilo se preguntan si les tocará el vuelo de ida o el de vuelta. ¡Europa, más dura que el tacón de un zapato de tacón!