Bruselas ha decidido que a partir del miércoles ya no cobra ni un céntimo de arancel a los productos yanquis, tal y como firmó el año pasado con Donald Trump para cumplir el plazo del 4 de julio. El pacto es de manual de sumisión elegante: la Unión Europea podrá cobrar hasta un 15% a la mayoría de sus exportaciones hacia Estados Unidos, pero los productos industriales americanos entran en los 27 países como Pedro por su casa, sin pagar un duro.
El acuerdo lo rubricaron en julio de 2025 Trump y Ursula von der Leyen, esa señora que parece que siempre está a punto de firmar algo que luego le arrepiente. La ley ya está en el Diario Oficial y mañana entra en vigor. “La Unión Europea siempre cumple lo que firma”, ha dicho algún portavoz con cara de quien acaba de vender el coche a un familiar.
El trato incluía eliminar tasas sobre productos industriales yanquis y dar acceso preferente a ciertos pescados y productos agrícolas. Pero todo se retrasó meses porque Trump amenazó con quedarse Groenlandia como si fuera un souvenir y porque el Tribunal Supremo de Estados Unidos anuló varios aranceles de golpe. Los países miembros dieron el visto bueno la semana pasada, después de que el Parlamento europeo metiera salvaguardias: si los americanos hacen trampas o ponen zancadillas, la Comisión puede suspender el chollo cuando le dé la gana.
En plan MAD adulto: imagínate a la UE vestida de camarera de coctelería entregándole la cuenta a Trump con un guiño: “Tranquilo, presidente, esta ronda va por cuenta de la casa… pero la próxima te la cobramos con intereses”. Mientras tanto, los eurodiputados se frotan las manos con la cláusula de escape por si el tipo del otro lado del charco decide volver a amenazar con anexionarse medio Ártico.
El resultado es un cumpleaños yanqui con regalos arancelarios, pero con la puerta trasera abierta por si las cosas se ponen feas. ¡Feliz 4 de julio, que os den con la factura!