En un giro digno de una comedia de enredos con plumas, la diputada Luisa Fernanda Ledesma Alpízar de Movimiento Ciudadano presentó la llamada “Ley Merlín” para regular el bienestar de animales que alcanzan fama repentina. La iniciativa modifica la Ley de Protección y Bienestar de los Animales de la Ciudad de México y obliga a destinar parte de los ingresos generados por campañas, redes sociales o “merch” al cuidado veterinario, alimentación y enriquecimiento ambiental de las estrellas con alas, aletas o bigotes.
El caso del Pato Merlín, que ya cuenta con registro oficial ante el IMPI y amenaza de convertirse en figura publicitaria, dejó al descubierto un vacío legal. Miles de personas exigieron conocerlo, marcas ofrecieron contratos y programas de televisión lo persiguieron como si fuera un influencer de cinco kilos. La propuesta establece que cualquier beneficio económico debe traducirse en mejoras concretas para el animal, sin convertirlo en sujeto patrimonial ni permitir que sus dueños abran cuentas bancarias a su nombre.
La presidenta Claudia Sheinbaum respaldó públicamente a la familia durante la mañanera del 22 de junio, ofreciendo apoyo para proteger el nombre ante posibles apropiaciones. La Agencia de Atención Animal de la Ciudad de México recordó que los patos tienen necesidades específicas muy distintas a las de perros o gatos, por lo que la norma busca evitar que especies silvestres terminen sometidas a reflectores sin red de seguridad.
La Mesa Directiva turnó la iniciativa a la Comisión de Bienestar Animal. Al final, el pato más famoso del Mundial 2026 podría terminar negociando su propio contrato de spa mientras el resto del país decide si aplaude o pide autógrafos con sello de goma.