El presidente brasileño, con sus 80 años bien puestos, soltó que Estados Unidos se convertirá en un país de piratas si Donald Trump cumple su amenaza de cobrar el 20 % de la carga a los barcos que pasen por el estrecho de Ormuz. Según Lula, lo que Trump presenta como “protección” suena más a extorsión de barrio que a política internacional.
Trump anunció que desbloqueará el paso tras las tensiones con Irán, pero con la condición de que cada barco pague esa tajada por el servicio. Para Lula, eso es piratería pura y dura, de la que se practicaba en los mares con parche y loro al hombro. “Un país que presume de combatir la piratería no puede ahora ponerse el parche y exigir el botín”, soltó el brasileño durante un acto en São Caetano do Sul.
El bloqueo ha disparado otra vez el precio del petróleo y, de rebote, encarece hasta el frijol, el arroz, el tomate y la cebolla en los mercados brasileños. Lula presume de que un impuesto del 12 % sobre el crudo exportado ayuda a contener un poco la subida de los combustibles, aunque el bolsillo del ciudadano sigue sufriendo como si le hubieran subido el alquiler sin avisar.
Mientras tanto, el veterano presidente, que aspira a un cuarto mandato en octubre, sigue usando el mismo tono de abuelo que regaña al vecino por ruidoso. Porque al final, entre bloqueos, porcentajes y acusaciones de piratería, el estrecho de Ormuz parece menos una ruta marítima estratégica y más el peaje de una autopista vieja donde todos terminan pagando… menos los que controlan la garita.