Estados Unidos ha metido mano al puerto de La Guaira para que la ayuda llegue más rápido tras los dos terremotos que dejaron el país hecho un colador. Los marines yanquis ya tienen la terminal otra vez en marcha, como quien repara el váter del vecino para que no se inunde todo el edificio. Por ahí entrarán equipos, comida y suministros mientras la gente sigue despidiendo a sus muertos.
Ayer volvió a temblar con un 4.6 que hizo que hasta los fantasmas se cambiaran de acera. Veintisiete países han mandado más de dos mil personas, cuarenta equipos de rescate y ciento sesenta perros que husmean entre los escombros como si buscaran el hueso que les deben desde hace años. La ONU, por su parte, ya preparó diez mil bolsas mortuorias por si acaso, aunque confía en que sobren. El gobierno cuenta ochocientos cincuenta y cinco edificios dañados, ciento ochenta y nueve de ellos convertidos en polvo, y casi siete millones de damnificados con un agujero de seis mil setecientos millones de dólares en la caja, el seis por ciento del PIB.
México recibió la lista de la compra: plantas de energía, agua y comida. Claudia Sheinbaum ya mandó la semana pasada doscientos cincuenta rescatistas militares, dieciocho perros, un dron y material médico en tres aviones. China, mientras tanto, suelta catorce coma siete millones de dólares y fotos por satélite para que nadie se pierda entre los escombros.
En plan MAD adulto: imagínate a los marines con llave inglesa en mano mientras los perros de rescate se pelean por el último hueso y la ONU reparte bolsas negras como si fueran globos de cumpleaños. Venezuela recibe ayuda internacional pero sigue pareciendo el vecino al que le cayó el techo y ahora todos le pasan el hatillo… con condiciones.
El resultado es un país temblando, un puerto en manos yanquis y un montón de bolsas mortuorias de repuesto. ¡Felices réplicas, que os den con la factura!