El empate sin gloria entre Sudáfrica y República Checa el 18 de junio en el Grupo A del Mundial 2026 ha convertido al equipo mexicano en el dueño absoluto de su destino. El 1-1 en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta dejó a ambos rivales con solo un punto tras dos jornadas, mientras la Selección dirigida por Javier Aguirre espera su turno contra Corea del Sur con tres puntos ya en la bolsa y la calculadora lista para sumar de más.
Michal Sadilek abrió el marcador al minuto 6 para los checos, pero Mokoena rescató el empate al 83 para los africanos. Ese resultado convirtió el duelo México-Corea en una final anticipada: una victoria dejaría al Tricolor con seis puntos y como único líder, inalcanzable incluso si checos y sudafricanos ganan su último partido. El reglamento es claro: solo pasan los dos primeros. Con seis unidades, México obligaría a los demás a rogar por milagros matemáticos que probablemente ni un mago de Las Vegas lograría.
El equipo ya demostró su temple al golear 2-0 a Sudáfrica con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, manteniendo la portería en cero. Ahora enfrenta a Corea del Sur sabiendo que el control está en sus pies. Mientras tanto, el resto del grupo parece condenado a pelear por las migajas que México decida dejar.
Al final, el fútbol mundial sigue demostrando que a veces un empate aburrido vale más que mil discursos: convierte a México en el equipo que todos observan, mientras los demás solo esperan ver pasar el tren.