Sergio Paz, un aficionado de São Paulo, ha convertido su bicicleta pintada con los colores de Brasil en la compañera oficial de seis mundiales. Desde Alemania hasta la edición de México, Estados Unidos y Canadá 2026, el vehículo ha recorrido más de 230 kilómetros y sigue intacto pese a ser desarmado en cada vuelo como si fuera un mueble de Ikea con pasaporte.
Paz recuerda con cariño el Mundial de 1970, cuando los mexicanos apoyaron a Brasil, y asegura que esa calidez lo trajo de vuelta. Ahora planea llegar a Canadá con su sobrina, sin boletos para partidos, pero con la certeza de que el ambiente mexicano compensa cualquier entrada. Su medio de transporte sigue siendo la misma bicicleta, testigo silencioso de cada aventura y cada desarme en aeropuertos.
El fanático brasileño ve a Francia y España como favoritas, aunque sueña con una final entre México y Brasil. Reconoce que Neymar no está en su mejor momento físico, pero insiste en que en el fútbol cualquiera puede ganar. Destaca especialmente la hospitalidad mexicana, a la que califica de cálida y generosa, repitiendo un entusiasta “Viva México” al final de cada comentario.
Mientras la bicicleta sigue rodando sin quejas, Paz demuestra que el verdadero fan no necesita tribuna: le basta con pedalear, recordar gestas ajenas y apostar por un duelo que, aunque improbable, ya existe en su cabeza y en las llantas de su fiel compañera.