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Internacional

México y Chequia: del Masaryk al Tren Maya con bancos checos y tacos que curan la resaca

24/06, 07:47:26, 6.png

El embajador checo en México, Tomáš Hart, soltó que la relación entre ambos países ya no es solo de “hermanos en la desgracia del siglo XX”, sino un negocio que mueve miles de millones mientras el balón rueda en el Mundial. Según él, Chequia le vende a México desde autopartes hasta stents que salvan vidas y bancos para el Tren Maya, como si los checos hubieran decidido amueblar el país entero con piezas de repuesto y prótesis de lujo. México, por su parte, se ha convertido en el principal cliente checo en América Latina, tragándose la mitad de todo lo que Praga exporta a la región, superando incluso a Japón y Noruega en la lista de compradores compulsivos.

La diplomacia del “poder blando” ahora se reduce a fan zones llenas de cerveza checa y tacos al pastor, donde los 500 checos que viven aquí esperan que lleguen entre 8.000 y 10.000 aficionados para armar la mayor resaca diplomática de la historia. La embajada ya planea replicar las zonas de Guadalajara en la Ciudad de México, con la esperanza de que los mexicanos dejen de ver Chequia solo como fábrica de Pilsner y empiecen a verla como un país de stents, trenes y cine experimental que nadie entiende pero que queda bien en las fotos.

Mientras tanto, la historia sigue presente: Cárdenas le puso el nombre de Masaryk a una avenida para protestar contra los nazis, y el barrio San Jerónimo Lídice sigue recordando la masacre checa como si México hubiera adoptado el trauma ajeno por decreto. Ahora, con el partido del 24 de junio a la vista, Hart solo pide que gane “el deporte y la amistad”, aunque todos saben que lo que realmente gana es el comercio de maquinaria eléctrica por 673 millones de dólares y la oportunidad de que un checo se coma un taco sin que le explote el hígado.

Al final, la relación bilateral se resume en una frase absurda pero precisa: Chequia le presta a México sus bancos, sus stents y su cerveza, y México le paga con tacos, autopartes y la promesa de no invadir nunca Lidice otra vez. Que ruede el balón… y que sigan rodando los millones.