Roberto Lazzeri, el recién nombrado embajador de México en Washington, declaró que un acuerdo comercial revisado con Estados Unidos debería concretarse antes de diciembre, justo cuando se inauguraba el martes en Ciudad de México la tercera ronda de conversaciones T-MEC, que se extendería durante tres intensos días. El exbanquero de inversiones comparó cada minuto perdido con una pérdida de cuota de mercado, sonando más como un corredor de bolsa que como un diplomático, viendo cómo el mercado bursátil se descontrola.
El cronograma de Lazzeri se produce tras la negativa de Donald Trump, el 1 de julio, a extender el pacto original, lo que podría reducir su vigencia en una década si no se llega a un acuerdo. El marco actual aún mueve 1.6 billones de dólares en comercio anual. Un día antes, Washington impuso aranceles por casi 20 mil millones de dólares a productos canadienses, dejando a Ottawa al margen mientras México continúa negociando sin aranceles compensatorios. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, destacó públicamente la postura pragmática de México y su disposición a armonizar los controles de exportación. Las conversaciones se centran ahora en el contenido regional de la industria automotriz, el acero, el aluminio, la agricultura y las normas laborales. Las ventas de vehículos chinos en México aumentaron un 30% en el primer semestre de 2026, a pesar del arancel del 50% vigente desde enero, alcanzando una cuota de mercado del 17%, un detalle delicado que ambas partes deben abordar.
El déficit estadounidense con México aumentó un 17% hasta los 197 mil millones de dólares el año pasado; sin embargo, Lazzeri insiste en que los objetivos de manufactura compartida siguen siendo alcanzables. México llega con auditorías detalladas de la cadena de suministro, ya alineadas con los capítulos laborales vigentes, lo que convierte la posible fricción en una verificación programada en lugar de un espectáculo. Mientras Washington baraja la posibilidad de exigir que la mitad del valor de un vehículo se origine en Estados Unidos, los equipos mexicanos responden con datos integrados de Norteamérica que demuestran la trazabilidad sin desmantelar las líneas de producción actuales.
En definitiva, el calendario de México se asemeja menos a una apuesta y más a la situación de quien aún lleva la cuenta mientras los demás reorganizan los muebles.