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Internacional

Ortega convierte Nicaragua en su finca privada y Rubio monta el numerito desde Washington

21/07, 09:57:29, 1.png

En un comunicado que parece sacado de una telenovela de los 90, Marco Rubio se ha echado las manos a la cabeza porque Daniel Ortega, de 80 años recién cumplidos, ha soltado sin filtro lo que todo el mundo ya sabía: en Nicaragua no habrá más elecciones mientras él y su señora sigan mandando. O sea, que el hombre ha decidido que el país es su herencia familiar y que la oposición puede seguir haciendo turismo por Costa Rica, España y Miami.

Rubio, con cara de quien descubre que el agua moja, ha calificado la cosa de “dictadura familiar” y ha pedido a la comunidad internacional que “se una” para que Ortega deje de hacer como si nada. Traducción aproximada: “Por favor, que alguien le diga a este abuelo que ya es suficiente”. La respuesta de Ortega, dicho en un acto por el aniversario de la revolución sandinista, fue tan directa como un tortazo: “Que se olviden, aquí no volverán a haber elecciones para que intenten atrapar el gobierno”.

Para que quede más claro, Nicaragua iba a votar en noviembre, pero hace año y medio alargaron el mandato presidencial de cinco a seis años. Ahora los comicios están fijados para 2027. O sea, que el señor ha pasado de “dentro de un rato” a “ni en tus sueños, chaval”. Mientras tanto, Rosario Murillo, nombrada copresidenta, sigue al lado como si fueran los dueños de un supermercado que cierra cuando les da la gana.

Después de las protestas de 2018, que acabaron con más de 300 muertos según la ONU, la cosa se puso todavía más sencilla: opositores, periodistas, curas y cualquiera que abriera la boca acabaron o en la cárcel o en el exilio, sin pasaporte y sin casa. Nicaragua se ha quedado como un grupo de WhatsApp donde solo pueden escribir dos personas y el resto está silenciado para siempre.

Rubio ha pedido “unir fuerzas” para que la dictadura no siga como si tal. Ortega, por su parte, ha respondido con la misma elegancia de siempre: ni caso. Así que, de momento, el partido sigue aplazado, el público sigue fuera y los dos abuelos siguen mandando desde el sillón. Nicaragua, mientras tanto, sigue esperando que alguien cambie el canal.