El ministro español de Transportes, Óscar Puente, se ha reunido con su homólogo canadiense Steven MacKinnon para firmar un memorando que promete crear un corredor marítimo verde entre la costa oeste de Canadá y los puertos europeos, España incluida. Según Puente, el objetivo es que los barcos usen combustibles que no suelten gases de efecto invernadero desde que se fabrican hasta que se queman. O sea, que el Atlántico deje de parecer una olla a presión gigante.
El texto del acuerdo todavía está por definir, pero ya se sabe que España quiere que todo el transporte se vuelva más limpio: infraestructuras, autobuses, ciudades y hasta la forma en que la gente se mueve. Imagina un país donde los madrileños ya no puedan ir en coche porque el ayuntamiento ha decidido que lo verde es ir en patinete eléctrico… aunque llueva a cántaros.
El chiste viene cuando los barcos empiecen a navegar con combustible de algas, orina de ballena o sobras de poutine canadiense fermentada. Al final el corredor verde podría acabar siendo un atasco de navíos escupiendo algas por la borda mientras los capitanes gritan “¡esto es descarbonizado, coño!”. Y Óscar Puente, satisfecho, volverá a España presumiendo de que ha salvado el planeta… justo antes de subirse a su coche oficial diésel para ir a comer chuletón.
Porque al final, el único combustible realmente limpio que conocen los políticos es el que sale de su propia boca cuando prometen cosas que nunca van a cumplirse.