En una escena que parecía sacada de un capítulo perdido de Los Simpsons versión sudamericana, la victoria de Paraguay sobre Alemania en el Mundial 2026 se coló como elefante en una cristalería durante la cumbre del Mercosur. Santiago Peña, con cara de quien acaba de ganarle al vecindario entero, se acercó al ministro alemán Johann Wadephul y soltó sin anestesia: “Mis disculpas por el partidazo de anoche”. El alemán, más tieso que estatua de plaza, respondió con un “gracias” en inglés que sonó a disculpa de ascensor y enseguida recibió un abrazo que parecía más de “te perdono pero no te olvido”.
El presidente uruguayo Yamandú Orsi no se quedó atrás y, con una sonrisa de oreja a oreja, le soltó a Peña: “Estoy seguro de que viste el partido”. Lula da Silva, fiel a su estilo de abuelo que todo lo arregla con piropos, se le plantó al frente y bramó en portugués: “¡Parabéns para o Paraguay!”, felicitando hasta a los hinchas que seguían el partido desde los asados de los domingos. El boliviano Rodrigo Paz, sin andarse con rodeos, gritó frente a todos: “¡Hoy todos somos paraguayos!”, justo antes de que la foto oficial los congelara como si fueran un equipo de fútbol improvisado en la vereda.
Mientras tanto, entre abrazos y chanzas, los presidentes intentaban volver a las discusiones serias sobre aranceles y normativas, pero el ambiente seguía oliendo más a cerveza y penales que a tratados comerciales. Al final, la cumbre terminó pareciendo menos una reunión diplomática y más una reunión de hinchas que se juntaron a celebrar el gol de penal que dejó a media Europa rascándose la cabeza.