Roberto Sánchez y Keiko Fujimori se encuentran en una reñida contienda con aproximadamente el dos por ciento de los votos aún por contabilizar, convirtiendo la segunda vuelta en Perú en un emocionante thriller que mantiene a los mercados nerviosos y a los observadores pendientes de sus calendarios. El candidato de izquierda mantiene una ventaja mínima del 50,025% frente al 49,975% de Fujimori, una diferencia de unos nueve mil trescientos votos con la mayoría de las mesas electorales escrutadas. Los votos del extranjero favorecen mayoritariamente a Fujimori, mientras que los de las zonas rurales se inclinan por Sánchez, dejando el verdadero drama en los aproximadamente cuatrocientos mil votos en disputa, cuyo recuento podría tardar semanas.
La contienda ha dado giros inesperados, lo que llevó a Sánchez a advertir sobre “irregularidades” en el recuento e instar a las misiones electorales a vigilar atentamente. Fujimori, que se presenta por cuarta vez, pidió paciencia y depositó sus esperanzas en el voto de los expatriados conservadores. Observadores de la OEA y la Unión Europea declararon que el proceso era normal, pero instaron a la calma hasta que el Jurado Electoral Especial finalice su revisión. Los analistas señalan que, tras un pánico inicial, los mercados ahora apuestan por la victoria de Fujimori, ya que un congreso de corte conservador probablemente frenaría cualquier intento populista de quienquiera que llegue al poder.
Todo el espectáculo se asemeja a dos vecinos discutiendo por un solo lugar de estacionamiento mientras la grúa tarda una eternidad en llegar. Al final, los votantes peruanos podrían descubrir que el verdadero ganador es quien sobrevive más tiempo a los trámites burocráticos, convirtiendo las elecciones en el equivalente político de esperar un vuelo retrasado sin puerta de embarque asignada.